Nuestra historia

La cinofilia para mi familia ha estado siempre mucho más que un simple hobby, así como un estilo de vida que se ha ido pasando de padres a hijos de generación en generación.
La actividad de caza para nosotros, langianni y también para el territorio donde vivimos desde hace generaciones, el Valdibisenzio, ha estado también una forma de sustento. Durante la guerra, nuestros perros siempre han sido utilizados y siempre han sido parte integral de la familia.

De la caza de mi padre en 1995 se acerco a lo que luego se ha convertido en mi pasión; el Lagotto Romagnolo y la búsqueda de trufas. En octubre de 1995, mi padre me llevó en coche a una nueva aventura llamada Briciola. Elegí entre ocho cachorros blancos e, incluso años más tarde, aún me estremezco al recordar que ella brillaba con una luz diferente a las demás.

(De izquierda a derecha; el bisabuelo Agostino Langianni, el tio Fabrizio Langianni, el abuelo Lando Langianni y mi padre Fabio Langianni)

Algunos años después mi padre decidió reconocer a Briciola para darle un pedigrí y acercarse a las exhibiciones y concursos de C.I.L.

En el 99’, de la introducción de Briciola y Uguccione de Farnie. En febrero del 2000 nació Layka, la única superviviente de 9 hermanos.

(En las fotos del lado, aparece Andrea retratado junto a Briciola)

La foto se remonta al 1997 y retrata al amigo Mario Morara, a mi con 8 años, a mi padre, un señor del cual no hemos logrado descubrir el nombre, el profesor Giovani Morsiani, Oliviero Zini y Pierina Piancastelli durante una prueba de búsqueda de la trufa del C.I.L.

En octubre de 2008 un accidente se llevo a mi padre, y yo me detuve con los Lagottos y las trufas. No digo que el mundo se detuviera, pero comencé a ver la vida desde una perspectiva diferente. En 2009, después de que mi primer Lagotto Briciola muriera a causa de una enfermedad, fueron unos años oscuros, pero tal y como se dice; “no puede llover para siempre”.

En 2010 adquirí la licencia de recolección de trufas, así que comencé de nuevo con el entusiasmo de un niño que quería llegar lejos.

De este modo, una tarde de septiembre de 2011 salí en dirección a Peccioli (Pi) para una nueva aventura llamada Ettore (Bauto). El es y será siempre, a mis ojos, mi cachorro. Tirado de trufas y mimos, durante su crecimiento se ha convertido cada dia mas bonito, dándome muchas satisfacciones tanto en exhibiciones como en los concursos de caza de trufas y como criador.

Después de Bauto ha habido muchos otros éxitos tanto en Italia como en el extranjero. Mi presencia en el mundo del Lagotto se ha vuelto cada vez más asidua y mi experiencia ha ido creciendo, tanto que tuve el honor y placer de ser invitado a participar en una reunión del Lagotto organizada por el club de inglés en junio de 2017, y he juzgado otro en febrero de 2018 en América. También tuve la gran satisfacción de haber estado elegido como consejero del Club italiano Lagotto (C.I.L) donde espero seguir aportando con el tiempo mi modesta contribución de desarrollo y conservación de esta maravillosa raza italiana.